La tradición vernácula de la obra de Bernardo de Brihuega: noticia de un nuevo hallazgo

Bernardo de Brihuega, natural de la villa homónima alcarreña, canónigo de la iglesia de Sevilla y «clericus et alumnus» de Alfonso X, es uno de los pocos colaboradores del rey Sabio cuya identidad y estrecha vinculación con el taller alfonsí se ha podido probar[1]. Bajo mecenazgo real, había emprendido hacia 1270-75[2] la compilación y redacción de una extensa obra hagiográfica compuesta por cinco libros sobre la historia de la Salvación y de sus protagonistas a partir del Nuevo Testamento: la vida de Jesús y de Santa María (libro I), las vidas y pasiones de los apóstoles (libro II), las pasiones de los mártires (libro III), las vidas de los confesores (libro IV) y la vidas de las vírgenes (libro V). Así pues, la obra de Brihuega compartía en aquella altura un mismo espacio cultural con otras compilaciones hagiográficas como la Legenda aurea de Jacopo da Varazze (ca. 1260), las Vitae sanctorum del dominico Rodrigo de Cerrato (rematadas hacia 1275) o aquella derivada de la intensa actividad historiográfica del franciscano Juan Gil de Zamora (pensemos, por ejemplo, en el De Preconiis Hispanie).

El encargo regio supuso primeramente el acopio, en latín, de diferentes fuentes hagiográficas rastreadas por numerosos monasterios peninsulares y cuyo resultado conservamos hoy fragmentariamente en varios códices tardíos de finales del s. XIV o comienzos del XV, pero de los que solo conocemos el contenido de los tres últimos libros (parcialmente en el caso de los libros III y V) y un pequeño fragmento del segundo[3]. El propio Bernardo habría emprendido, además, la traducción de las fuentes reunidas en la primera redacción, ampliando y conciliando dichas fuentes con otras adicionales, perfilando el estilo y logrando una mayor coherencia discursiva. Esta segunda etapa redaccional habría servido de base, en mayor o menor medida, para la composición de la gran compilación universal alfonsí, la General estoria, especialmente en lo que respecta a la sexta edad (GE6), cuyo contenido nos es en gran medida desconocido[4]. Sin embargo, la materia perdida de GE6 podría haber tenido mucho que ver, precisamente, con la obra hagiográfica de Bernardo, extendiendo quizás también su implicación a otras secciones bíblicas de la obra alfonsí e incluso habiendo participado también en la ingente labor de romanceamiento de la Biblia en tiempos de Alfonso X[5]. Por lo demás, al igual que acontecía con otros proyectos alfonsíes, la compilación castellana del Briocense habría circulado de manera autónoma –y tal vez iluminada– con respecto a la General estoria tal como demuestran, por ejemplo, las alusiones a la crónica alfonsí como un texto independiente registradas en los testimonios portugueses de la obra de Brihuega[6].

La tradición vernácula de la obra de Bernardo de Brihuega que hoy conocemos es parcial y tardía, aunque sabemos que su circulación debió ser importante a juzgar por los restos conservados en castellano y su temprana difusión en el reino portugués. La tradición manuscrita castellana fue dada a conocer por Francisco Bautista en los últimos años (2014, 2015 y 2017) y hasta el momento se compone de tres manuscritos fragmentarios que transmiten diferentes secciones de los tres primeros libros de la obra de Brihuega. Los dos fragmentos que recogen materia cristológica del libro I (BETA texid 11194) son de capital interés, por cuanto son los únicos testimonios conocidos de esta sección al no conservarse ni en latín ni en portugués. En cuanto a los libros II (apóstoles y evangelistas) y III (mártires), el único manuscrito castellano hasta el momento conocido (BETA manid 2819) parece proceder de una primera redacción romance más arcaica que la que habría servido de base para la tradición portuguesa, al menos en lo que respecta a la materia apostólica. En cualquier caso, pese a la exigüidad de los testimonios, lo más probable es que se vertiera al castellano la obra completa de Brihuega, conocida desde finales de la Edad Media como Genesi alfonsi[7].

Lo mismo habría ocurrido en la tradición portuguesa, estudiada primeramente por Mário Martins (comp. 1956, 1969, 1972), en donde la recepción de la obra de Brihuega fue extensa y temprana, y ello a pesar igualmente de los testimonios tardíos y fragmentarios conservados. Actualmente se conoce la traducción íntegra del libro II, las Vidas e paixões dos Apóstolos (BITAGAP texid 1044), conservada en un cuidado códice alcobacense copiado en 1443-44 y en un impreso de 1505 encargado por la reina Lionor de Lencastre (Cepeda 1982-89), además de un fragmento de mediados del XIV (Cepeda 1975). Por su parte, del Livro dos Mártires (BITAGAP texid 1032) se conserva una versión parcial en un único post-incunable, impreso en 1513 a instancias del rey Manuel I (Sonsino, Cruz y Sobral 2018), y en un fragmento del XV (Cepeda 1993). Aunque, como se ha visto, por el momento solo se tiene constancia en Portugal de la materia apostólica y martirial, hay referencias explícitas en los textos que evidencian la recepción y traducción del conjunto completo de los cinco libros proyectados por el Briocense. Por otra parte, se ha demostrado la existencia de versiones integrales hoy perdidas de los libros II y III, como poco, desde finales del s. XIV y durante la primera mitad del XV, cuya promoción se podrá vincular a diferentes impulsos culturales bajo los reinados de João I y D. Duarte. Aún más, el estudio lingüístico de estos testimonios (Sobral y Cardeira 2018) confirma la doble hipótesis, ya barajada por M. Martins e I. Cepeda, de que todos ellos remiten en último término a la intensa actividad literaria bajo el reinado de D. Dinis en las primeras décadas del s. XIV y de que dicha traducción no se habría realizado directamente desde el latín sino a través de un modelo ya romanceado.

El reciente hallazgo de dos fragmentos en castellano vinculados a Bernardo de Brihuega en el Arquivo Histórico Provincial de Ourense[8] (Fragmentos, carp. 3, nº 4/5) nos permite confirmar y actualizar algunas de las hipótesis planteadas en torno a la configuración textual primigenia de su obra. Se trata de un bifolio y una hoja suelta en pergamino, hoy desencuadernados y restaurados, pero en su momento reutilizados como cubiertas de un libro de apeo de los bienes del monasterio de Santa Clara de Allariz. Ambos fragmentos formaban parte de un cuidado códice hagiográfico, probablemente de procedencia regia, en el que se habían proyectado miniaturas, y datable, por la letra y el arcaísmo lingüístico, a finales del XIII o principios del XIV. Transmiten una pequeña parte de la materia apostólica del libro II de Brihuega, concretamente, los primeros capítulos de la vida de Santo Tomás y San Marcos, además de los últimos sobre la vida y pasión de San Andrés[9]. Sin embargo, por la capitulación y numeración de las vitae relatadas se deduce que el códice abarcaba por completo el libro segundo de Brihuega, esto es, las Vidas y pasiones de los Apóstoles.

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Arquivo Histórico Provincial de Ourense, Fragmentos, Carp. 3, nº 4 (ff. 2v-1r)

Pese al importante deterioro de los dos fragmentos, especialmente la hoja suelta y la cara externa del bifolio, se ha podido completar la transcripción paleográfica del texto, así como la reconstrucción de las zonas más dañadas por rotura del soporte. Próximamente se publicará la descripción y edición de los fragmentos, confrontados con los testimonios castellano y portugueses. Como anticipo, dicho cotejo nos permite comprobar cómo, a diferencia de lo que ocurre con el ms. BNE 10252 estudiado por P. Bautista (2014), los nuevos fragmentos se alinean con la tradición portuguesa de las Vidas e paixões dos Apóstolos, cuya equivalencia textual es muy estrecha. Esta circunstancia, unida a la afinidad codicológica con el fragmento portugués estudiado por I. Cepeda (1975), en el que también se proyectaron miniaturas, sugiere la posibilidad de que los nuevos fragmentos estén directamente relacionados con el modelo romance exportado al reino portugués en época de D. Dinis. Es muy significativa, en este sentido, la presumible ubicación de este códice en la abadía clarisa allaricense, único monasterio gallego, como es sabido, de fundación real (en este caso por doña Violante de Aragón en 1268), pues permite explorar y reconstruir en gran medida dos vías de circulación y transferencia cultural desde la corte castellana, tanto en lo referente a la conexión monástica clarisa entre los conventos de Allariz, Zamora y Coimbra[1], como en lo relativo a la actividad historiográfica promovida en el entorno tudense-minhoto de los Lima en las primeras décadas del s. XIV[2].

Nos encontramos, en definitiva, ante el más antiguo testimonio conocido hasta la fecha de la obra de Bernardo de Brihuega, en este caso de las Vidas y pasiones de los Apóstoles, cuya edición y estudio nos permitirá avanzar un poco más en el conocimiento de la fisonomía textual originaria de la obra en romance de Bernardo de Brihuega –y, en consecuencia, de la sexta parte de la General estoria–, así como de su relación con las traducciones portuguesas y su recepción y circulación en el Occidente peninsular. Dicho avance no sería posible sin el acceso al texto de Brihuega, aún hoy limitado aunque parcialmente subsanado a partir de las distintas iniciativas editoriales en marcha. Me refiero a los proyectos de transcripción y edición de la compilación latina y de las versiones portuguesas y castellanas coordinados, respectivamente, por Emma Falque[3], Cristina Sobral (2018) y Francisco Bautista (2017: § 21). Como resultados ya accesibles, fue decisiva la edición crítica de las Vidas e paixões dos Apóstolos de Isabel Vilares Cepeda (1982-89), así como lo es la reciente edición semidiplomática del Livro dos Mártires disponible en el Corpus de Textos Antigos (http://alfclul.clul.ul.pt/teitok/cta) coordinado por Cristina Sobral.

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Arquivo Histórico Provincial de Ourense, Fragmentos, Carp. 3, nº 4 (f. 1v)

 

Ricardo Pichel

Bibliografía citada

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[última consulta: 01/04/2019].

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Cómo citar:

Pichel, Ricardo (2019): “La tradición vernácula de la obra de Bernardo de Brihuega: noticia de un nuevo hallazgo”, TextoR. Grupo de Investigación Textos para la Historia del Español, 08/04/2019, <XXX> [fecha de consulta].

[1] Recordemos que en 1286 doña Violante solicita trasladar varias monjas de la comunidad clarisa zamorana para su fundación en Allariz, y que en las primeras décadas del XIV doña Isabel de Aragón, reina consorte de D. Dinis, hace lo propio para su fundación real en Coimbra. Este aspecto ha sido estudiado por Rosa María Rodríguez Porto, a quien agradezco una primera valoración de los nuevos fragmentos aquí presentados y con la que colaboro en un trabajo sobre la contextualización de los mismos.

[2] En este ambiente se habría traducido muy tempranamente, entre otras obras, la Crónica de Castilla y la Estoria de España (Pichel y Varela Barreiro 2017: 191-200, Pichel 2017: 116-123, Mariño Paz: 109-110).

[3] Apud Bautista 2017: n. 3.

[1] Martins 1972: 105-109, Díaz y Díaz 1996: 37-41, Pérez-Embid Wamba 2002: 255-302.

[2] Bautista 2017: § 15.

[3] Martins 1972: 105-109, Díaz y Díaz 1951, 1996: 37-41, Martín-Iglesias 2016.

[4] La narración del único fragmento conocido de GE6, estudiado y editado por Pedro Sánchez-Prieto Borja y Belén Almeida (2009), relata las razones de la Encarnación, incluyendo la nómina de profetas que la anunciaron, y la historia de Joaquín y Ana, padres de la Virgen, hasta poco después de su matrimonio (cf. Bautista 2015). Recientemente, la profesora Gemma Avenoza identificó un nuevo fragmento (BETA manid 6064), cuya edición y estudio está en curso.

[5] Bautista 2017: § 37, 40.

[6] Martins 1972, Cepeda 1982-89: vol. 1, XXVI-XXVII.

[7] Sobre esta denominación con la que se titula un ejemplar, hoy perdido, de la obra de Brihuega impreso en Valladolid en 1502, véase Bautista 2015: 261-262 y 2017: § 18.

[8] Agradezco a Miguel García-Fernández, quien me puso sobre la pista de los fragmentos gracias a una información facilitada por María Ascensión Enjo Babío, técnico del AHPOu. La investigación en el archivo fue muy productiva gracias al continuo asesoramiento y amabilidad de su director Pablo Sánchez Ferro y de los técnicos Amalia López Martínez, María Ascensión Enjo Babío y Francisco Sandoval, quienes, además, me facilitaron la consulta del manuscrito bajo unas condiciones lumínicas óptimas para la lectura con luz ultravioleta. Adicionalmente fue de mucha utilidad la ayuda prestada por los auxiliares Juan Carlos García España, Dolores González Domínguez, Longina Gómez Vázquez y Carlos Pazos González, quienes facilitaron la consulta de todas las carpetas con fragmentos, así como los libros de la sección de Clero y de Protocolos con cubiertas en pergamino, con el objetivo de localizar más fragmentos relacionados con el manuscrito en cuestión.

[9] Cf. Cepeda 1982-89: vol. 2, caps. 179-182, 198-99, 258-261. De acuerdo con la información facilitada por el AHPOu, los fragmentos habían sido identificados en los años 60-70 por el bibliófilo y bibliotecario Antonio Odriozola como parte de la General estoria. Así consta también en PhiloBiblon (BETA manid 4222), en donde, con buen criterio, se propone, aunque con reservas, la identificación con GE6.

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